Hace cosa de dos años casi medio, la revista digital sobre Stephen King, Insomnia, publicaba uno de mis relatos: "Así empezó todo"; una historia sobre el comienzo de una invasión zombi.
Todo aquel al que le gusta la fantasía, cree de alguna manera en las hadas. Estas hadas nos llevaran de la mano, por doquiera que les lleven sus alitas. Si estamos listos:... despegamos
domingo, 1 de septiembre de 2024
DEBAJO DE LA CAMA: "300 VECES", EN LA REVISTA INSOMNIA
Hace cosa de dos años casi medio, la revista digital sobre Stephen King, Insomnia, publicaba uno de mis relatos: "Así empezó todo"; una historia sobre el comienzo de una invasión zombi.
lunes, 26 de agosto de 2024
DEBAJO DE LA CAMA:: "TALES FROM THE NEW HELL": SIGO VOLCÁNDO MI RABIA
martes, 21 de febrero de 2023
DEBAJO DE LA CAMA: "SONGS FROM A DARK WORLD": NUEVA ESTRUCTURA
martes, 1 de marzo de 2022
DEBAJO DE LA CAMA: "ASI EMPEZÓ TODO", EN INSOMNIA
viernes, 29 de octubre de 2021
DEBAJO DE LA CAMA: SEMANA DE HALLOWEEN: MIS HISTORIAS: "UN AMIGO"
Hace mucho tiempo casi dos años, que no escribía ninguna historia.
Pero el otro día escribí este micro relato.
Se llama "Un amigo".
Quería compartirlo con vosotros esta Semana de Halloween.
Es muy oscuro, pero es que soy oscuro.
Buena luna, criaturas de la noche...
lunes, 27 de diciembre de 2010
HISTORIAS NAVIDEÑAS: PEQUE Y NANA

PEQUE Y NANA
“QUIZAS, EN VEZ DE PEDIR REGALOS PARA NOSOTROS
DEBERÍAMOS PEDIR REGALOS PARA
LA GENTE, A LA QUE QUEREMOS
PUES ESE ES ELVERDADERO ESPÍRITU DE LA NAVIDAD,
DEL NADAL:
AMARSE”
JUAN PABLO ESTEBAN CONDE
I
Peque se despertó. Por algún sitio, de su camita de perro entraba frío. El frío venía, de su lado. Giró su blanca cabecita de perro labrador, y allí estaba: la manta se había descolocado. Quizás, él durmiendo, la había descolocado. Con la pata y la boca la colocó, y el frío dejó de entrar.
Hala, a dormir de nuevo.
Era Nochebuena.
II
En esta ocasión, a Peque no le despertó el frío, sino un resplandor, que venía de la entrada, de la habitación, donde dormía, con su hermana y su madre. Tenía una mezcla, entre azul, fucsia y turquesa.
Llevaba viviendo, con la familia humana, desde que nació. Su madre, Giannina, y su padre Romuland, les habían dicho a su hermana Nana y a él, que se habían portado muy bien, con ellos, pues cuando sus padres eran muy chiquititos, les recogieron de un albergue de animales, y les acogieron. Y luego, nacieron ellos dos. Y, desde entonces, vivían con la familia humana, todos muy felices.
Miró a sus padres y a su hermana, que dormían, a pierna suelta.
-“No creo, que se den cuenta” –se dijo, Peque.
Y salió de la cestita, en pos de encontrar, de donde venía el resplandor.
III
Sí. Había tenido algo de frío al salir de la cestita, pero en casa de los Sanz se estaba bien, por lo que pocos minutos después, se había olvidado del frío.
Había salido, de la habitación y se había parado a la entrada. El resplandor iluminaba, escasamente el pasillo, y parecía venir, de una de las dos direcciones, en las que se bifurcaba el pasillo. Concretamente, a la derecha. En dirección, a las habitaciones de los humanos.
-“Vamos allá” –se dijo, Peque.
Y cuando se disponía a seguir el resplandor, oyó una voz a su espalda:
-¿Dónde vas, Peque? ¿No vienes a dormir?
Peque, miró tras él, y vio a Nana.
Pillado infraganti.
-Nana, vuelve a dormir.
-¿Por qué? ¿Dónde vas? –le preguntó su hermana.
-Voy a ver, de dónde viene el resplandor.
Nana, miró el resplandor.
-A lo mejor, Ramoncito se ha levantado a beber agua.
Ramoncito era el hijo menor de la familia Sanz. Tenía una hermana llamada Sarita. Ambos jugaban mucho con ellos. Sus padres, Antonio y Sara (a Peque y Nana les parecía graciosísimo, que se llamaran igual, madre e hija), completaban la familia humana.
-No –dijo Peque-. Este resplandor tiene algo mágico. No se, resulta acogedor, cálido.
-Sí. Es muy bonito.
-Yo voy a ir, a ver qué es –dijo, decidido, Peque-. ¿Vienes o no?
Nana miró el resplandor y luego miró a sus padres, que parecían no haberse dado cuenta, de que se habían levantado. Se lo pensó un momento y dijo.
-¿Y si papa y mamá se da cuenta de que no estamos?
-No creo, que se den cuenta. Bueno, ¿vienes, o no?
-Vale, vamos par allá.
IV
Giraron, a la derecha- El resplandor, venía de la habitación, de Ramoncito y Sarita.
-A lo mejor, Ramoncito y Sarita están jugando –dijo, esperanzada, Nana.
-No se –dudó, Peque-. Esta luz, no parece la de su cuarto.
-Pero sale de allí –puntualizó, Nana.
-Ahí está el misterio, Nana –sentenció Peque-. Y ahí entramos nosotros: los investigadores caninos.
Nana dio un paso, para atrás.
-No se, Peque. A mi esto me esta empezando, a dar un poco de miedo.
-Ve a la cama, entonces. Yo quiero saber, de donde viene el resplandor.
Nana sentenció, esta ocasión.
-De la habitación, de Ramoncito y Sarita. Hala, misterio resuelto, vámonos a dormir.
-No, no. El misterio, solo ha sido resuelto en parte. Sabemos, de donde viene. Pero, no qué lo produce.
Nana miró a su hermano, y le dijo:
-Creo, que ves demasiadas pelis de detectives, con Ramoncito.
-Mira Nana, tú haz lo que quieras. Yo voy a ver, si puedo entrar en la habitación de Ramoncito y Sarita.
-Estará cerrada –dijo Nana, esperanzada con convencer, a su hermano, de irse a dormir.
Peque empujó, con la cabeza, la puerta, que se abrió un poco.
-Va a ser que no.
Y entró.
Nana suspiró.
-Está bien, te acompañaré. Aunque, sea para asegurarme de que no te metes en líos.
V
Nana entró, y se encontró a su hermano mirando con la boca abierta de asombro. Miró, en esa dirección y descubrió, lo le que había asombrado tanto: Un trineo se alejaba, en el cielo nocturno, de esa Nochebuena. Encima de las camitas de Ramoncito y Sarita había regalos.
Pero, los regalos emitían una luz maravillosa. Tenía las tonalidades azul fucsia y turquesa, del resplandor.
Unos cascabeles se oían en al distancia.
Y una risa, que invitaba, a la alegría:
-Ho, ho, ho…
VI
A la mañana siguiente, a Peque y a Nana los despertaron dos cosas: La primera fue una autentica colección de gritos de alegría; la segunda, fue Giannina, que junto a Romuland, les estaban lamiendo.
-Buenos días dormilones –dijo la madre.
-¿Habéis dormido bien? –preguntó el padre.
Los perritos se miraron y asintieron, al momento.
-Por cierto -dijo Romuland-, ¿qué era ese resplandor al final? ¿Lo averiguasteis, al final?
Peque y Nana se quedaron parados y se miraron.
Pillados in fraganti.
Giannina se rió y les dijo a sus hijos:
-Tranquilos. Ya iba siendo hora, de que conocierais a Papá Noel.
-¿Papá Noel? –preguntaron al unísono, ambos.
-Si. -dijo Romuland-. Y seguro, que nos habrá traído regalos, a todos.
Peque y Nana, empezaron, a atar cabos. Los regalos encima de las camitas de Sarita y Ramoncito.
-Pero, ¿y ese brillo? –dijeron ambos a coro.
Giannina dijo:
-Eso es el cariño, con el que se hacen los regalos.
-Aaaaaaah –dijeron a coro, ambos hermanitos.
-Cuando regalas algo a alguien, siempre esperas que ese regalo le haga feliz. Tú se lo pides a Papá Noel, y él se lo trae a esa persona. Y le haces feliz.
-Claro, por eso parecía tan acogedor, y hermoso –dijo Nana.
-Y tan cálido y bonito -dijo Peque.
Sus padres rieron, orgullosos de sus hijos, que al fin habían conocido el espíritu de la Navidad.
VII
Por cierto, que hubo regalos para todos.
Hasta para Nana y Peque, que por fin entendieron, porque ese día del año, y el que los humanos llaman Noche de Reyes, se regalaban cosas tan bonitas, y tan llenas de amor.
Para Peque y Nana había dos pelotas grandes, con las que jugar. Y para sus padres, dos platos nuevos de comida, pues los que tenían, estaban un poco viejos.
Ese resplandor de Nochebuena, les hizo felices una Navidad más.
VIII
-¿A que ha valido la pena correr la aventura, Nana?Peque descansaba, junto a su hermana, después de haberse agotado completamente, jugando a la pelota con sus padres y los humanos, y de haber compartido también los patinetes, de Ramoncito y Sarita.
-Pues si, la verdad.
-El año que viene, a ver si nos da tiempo de ver a Papá Noel. Debe ser un tipo formidable.
Nana le miró, de reojo, con mirada traviesa.
-La próxima Nochebuena, a la misma hora, detective Peque.
-Lo mismo digo, detective Nana.
Y rieron, como solo dos pequeños perritos de Labrador saben hacer.
martes, 29 de diciembre de 2009
HISTORIAS NAVIDEÑAS: FADA

ES AMOR, ES LUZ,
PARA TODOS POR IGUAL”
JUAN PABLO ESTEBAN CONDE
1
Sopar miró, a su compañero de cocina Dinar. Y le sonrió, con un guiño de complicidad. Una complicidad, que pretendía significar tranquilidad, como sinónimo en una sintaxis, que a Dinar, no le parecía tan exenta de faltas de ortografía.
-No, no. La cena habrá de estar preparada, pronto.
Sopar le quitó hierro al asunto.
-Tranquilo, estaremos celebrando la Nochebuena con nuestras familias.
Dinar le miró, meneando la cabeza, no del todo convencida.
-Falta el asado, por hacerse
-El asado es cosa del fuego, Dinar.
-El postre ha de ser adornado.
-El postre esta adornado. Lo hemos adornado hace media hora, ¿no te acuerdas?
Dinar hizo memoria y se dio una palmadita en la frente.
-Es verdad.
Rió complacido.
-Siempre te agobias, por nada.
-¿Por nada? Hoy es Nochebuena, Sopar. Llámame tradicional, pero me gusta que todo salga bien.
-Y saldrá, amigo. Y saldrá. Este castillo es testigo, de nuestros mayores éxitos culinarios. Además, sabes que para tradicional, tradicional, yo. Además, el dueño del castillo, el Conde Castell, es una persona de buen corazón y sabes, que aprecia nuestro trabajo.
-Por eso, quiero que todo salga bien.
Sopar miró a su amigo y dijo:
-Dinar, amigo. Hay algo que he de enseñarte.
Al momento señaló, al fuego.
Dinar puso cara, de no entender nada, por lo que su amigo dijo, en plan solemne:
-El asado está listo.
Dinar sonrió de oreja a oreja y dijo:
-¿No te dije, que todo saldría bien?
Sopar rió con ganas.
2
Algo preciado. Demasiado, quizás.
Dos seres alados se formas y aspecto aterradores, la perseguían, incansablemente.
Alguien les había mandado, para robarle su tesoro.
Era vital, que no lo consiguieran.
Dos zarpazos mortales, sirvieron para que Fada hiciera lo posible, para esquivarlos. Algo le dolió en su hombro. El movimiento, demasiado brusco, para salvar el tesoro e, incluso, su vida, la había lesionado.
Su enemigo se dió cuenta de su vuelo torpe y creyó, que era su momento. Se lanzó encima de Fada. La hada vio que la luz se apagó y decidió, que antes morir que dejarse atrapar. Inició un movimiento, que le hizo ver las estrellas y se salvó por los pelos, de su mortal ataque.
Entonces, a lo lejos vio algo.
Su única oportunidad.
Su única opción.
Su única salida, para salvarse ella y salvar la Navidad
Una luz, al lado de otra, que se movían, por lo que parecía un camino.
¿Humanos? Podía ser.
Las hadas no se mostraban, con facilidad a los humanos.
Pero... la situación, quizás era demasiado desesperada, para pensar ahora en tradiciones del comportamiento.
Así que, con los seres alados, cada vez mas cerca, hacia allí se dirigió.
3
-Bueno, Sopar. Estamos llegando, a mi casa.
-Sí –dijo Sopar-. Ha sido una gran idea celebrar la Nochebuena, las dos familias juntas.
-Sabes, que nos llevamos muy bien. Y estas son fechas, para disfrutar en familia y entre amigos.
-Amigos, que son como de la familia –puntualizó Sopar.
Mientras asentían mostrando su acuerdo con esos últimos comentarios, algo se metió raudo y veloz en el bolsillo de la chaqueta de lana de Sopar.
-¿Que ha sido eso? –inquirió Dinar.
Sopar ignoraba, lo que había podido ser. Aunque, dos seres alados, del tamaño de dos águilas cada uno, se hecharon encima suya, tirandolo al suelo. Dinar enseguida usó el bastón que usaba para caminar, según él más a gusto, y se dispuso a espantar a los animales. Pero estos no se iban. Y lo desarmaron.
Sopar se había levantado y, cuando los seres se echaban encima de su amigo, lo agarró gritando:
-¡Corre! ¡Vamos a mi casa, allí estaremos a salvo!
Dinar le hizo caso y con los eres alados, prácticamente sobre ellos, corrieron hacia la morada salvadora.
4
-¿Qué son esas bestias? –preguntó Dinar.
-No lo se, Dinar. Pero, en casa estaremos a salvo, al menos eso espero.
Alcanzaron la puerta, cuando los dos seres se echaban encima de ellos, en un ataque, destinado a golpearles, de manera letal Abrieron la puerta y entraron, cerrándola, justo en el momento en que los dos seres alados chocaban contra ella, estrepitosamente.
Todos acertaron a ver, por unos momentos, a sus terroríficos perseguidores.
Y lo que vieron, les heló la sangre.
5
Entonces, los golpes parecieron cesar, así como los alaridos.
Agueda, la esposa de Sopar, empezó a comprobar si su marido había sufrido alguna herida de esos seres, axial como Mirena, la esposa de Dinar. Ninguno parecía estar herido.
Los dos hijos de Sopar y Agueda, Runa y Conjuro estaban abrazados, con los de Dinar y Mirena, Migeval y Lapislázuli.
-¿Qué ha pasado? –acertó a decir Agueda-. ¿Qué era eso?
Sopar estaba demasiado asustado, como para contestar. Entonces, se fijó en su bolsillo. Algo temblaba en su interior. Miró dentro, y se encontró con una hadita, vestida con un traje de color dorado. Estaba aterrorizada. Ella se dio cuenta, de que se habían percatado de su presencia, por lo que decidió, pedir ayuda.
Fue a moverse, pero el hombro le dio miles de pinchazos de dolor.
-Es un hada –dijo Agueda-. Y parece herida. Ven, pequeña, no temas. Nosotros te ayudaremos.
Y Agueda la tendió la mano.
Fada decidió aceptarla y permitió que la amable mujer la cogiera, cosa que hizo con muchísimo cuidado. Mirena puso un cojín encima de la mesa y Agueda la colocó, con cuidado allí.
-Por lo que veo, la perseguían a ella –dedujo Sopar.
-Seguramente –dijo Dinar-. Pero, ¿Qué hará un hada, tan lejos de los suyos?
-¿Y que hacían esos bichos tan horrendos persiguiéndola?
Los niños se acercaron y miraron al hada maravillados. Nunca habían visto una de cerca. Desde luego estaba siendo una Nochebuena, de lo más mágico.
Entonces, Fada, decidió intentar hacerse entender. Tomó un saquito, de su bolso y saco unos polvos, que esparció por la habitación. Todos quedaron impregnados de el. Con un poco de suerte, este polvo haría que la entendieran.
-Hola. ¿Me entendéis?
Todos vieron maravillados, que sí la entendían.
-Tranquilos, solo es polvo del entendimiento. En primer lugar, perdonadme por las molestias, que estoy causando. Pero, hay una buena razón. En mi bolsa, hay dos cosas, que esos dos seres pretendían destruir. Miradlo.
Fada les tendió la bolsa, con un gesto de dolor. El hombro le dolía mucho.
-¿Estas herida? –preguntó Sopar.
-Mi hombro. Creo, que me lo disloqué, mientras huía, de esos seres. Tuve, que hacer giros imposibles en el aire, para esquivar sus ataques. Mirad dentro, por favor. Es importante. Y echo otros polvos, que sacó de un saquito colgado, del cinturón de su traje. El bolsito se hizo grande, par que pudieran maniobrar mejor.
Todos miraron dentro.
Una estrella y una luz se hallaban, en el fondo de dicho bolso. La estrella era harto conocida. La luz era como si fuera una bola de fuego.
Todos miraron, a Fada, que habló así:
-Si. Es la Estrella de Oriente. La luz, es la Luz del Sol. El Sol debe vencer a las Tinieblas. Diablus, el Señor de las Montañas Oscuras las secuestró. Y, yo me decidí a ir a por ellas. Me gusta la Navidad. Y creo, que nadie debería quedarse sin ella. En nuestra Navidad, que llamamos Yule, el Sol vence a las Tinieblas, haciéndose los días más largos, y así lo celebramos. En vuestra Navidad, Cristo es el Sol que vence a la oscuridad. Diablus. No quiere, que los días se hagan más largos, ni que se celebre el nacimiento de Cristo. Diablus quiere que la oscuridad triunfe, y que no haya Navidad. Y eso, no puedo permitirlo.
-Nosotros tampoco –dijeron al unísono Sopar y Dinar.
-Queremos que haya Navidad, papá, mamá.-dijeron los cuatro niños, también al unísono.
-Y la habrá, mis niños –dijeron Agueda y Mirena, al unísono también-. Y la habrá.
6
Eso era, lo que los rostros de todos los presentes humanos parecían decir.
-Es fácil –dijo Fada-. Mirad dentro de mi cinturón. Hay un saquito. Yo no puedo mover el hombro. Necesito una mano pequeña. Los niños, pueden ayudar. Que venga, el que tenga las manos más pequeñas.
Runa y Conjuro tenían tres y seis años cada uno, mientras que Migeval y Lapislázuli tenían 8 y 9 respectivamente.
La solución era clara.
-Runa, mi vida –dijo Agueda-. Ven, que vas a ayudar al hadita.
Runa miró al hada y esta le dijo.
-Hola Runa.
La niña, con el pelo caoba, como la tierra, y un gracioso hoyuelo en la barbilla, dijo maravillada, pues estaba hablando con un hada, cosa que no se hace todos los días:
-Hola Fada.
El hada la sonrió y le dijo:
-¿Ves ese saquito, que tengo colgado de mi cinturón? El que es más grande que los demás.
Runa asintió.
-Cógelo, con cuidado. Y ponlo a mi lado.
Runa asintió y se dispuso a coger el saquito. Aunque tenía las manos pequeñas, debido a su edad, el saquito era más pequeño que su dedo meñique. Lo cogió, con un cuidado exquisito y lo puso al alcance de Fada. El hada lo abrió, y se echó un poco de una especie de polvillo en el hombro. Al momento, lo pudo mover bien, totalmente recuperada.
-Bien. Hemos de actuar deprisa. Esos seres, no tardaran en venir. Hay que poner la Estrella de Oriente y la luz del sol, en el cielo.
-¿Cómo haremos, para que esos monstruos no nos detengan? –dijo Dinar.
-Eso es lo peor. Pues atacarán, seguro. De todas formas. Tengo pensada una solución. Requiere mucha concentración. Y probablemente, acabaré agotada.
-¿Cuál es? -preguntó sopar.
-Contactar, con Yelina.
Todos pusieron cara de no saber quien es.
-Es la Reina de las Hadas.
7
Y entonces, Fada se sentó cruzando las piernas, concentrándose. Una luz azulada, rodeó al hada. Era hermosa de contemplar. Pero, aunque estaban todos maravillados, intentaron no turbar su concentración.
8
De pronto, se escuchó, a lo lejos, un conocido sonido, que les heló la sangre a todos. Agueda se asomó y su cara se torno en un rictus de terror.
-Dios mío. Vienen cuatro de esos seres. Pero, son más grandes. Madre mía, son gigantescos.
-Bien, -dijo Sopar-. Tomemos posiciones. Más leña en la chimenea. Coged algunas maderas y haced teas. Si quieren entrar, van a tener que vérselas, con nosotros. Niños, debajo de la mesa.
-Queremos luchar, padre –dijo Conjuro.
-Hijo mío. Hacedlo, por la Navidad. Quedaos, cuidando de Fada y el bolso.
Migeval y Lapislázuli, e incluso la pequeña Runa, tampoco acababan de resignarse a quedarse bajo la mesa. Pero, al final todos fueron convencidos, bajo el lema de: Por la Navidad.
Fada seguía concentrada, en su comunicación con Yelina, la Reina de las Hadas.
La batalla estaba a punto de comenzar.
La Navidad tenía que ser salvada.
9
De momento, la defensa estaba dando buenos resultados.
10
Los niños estaban bajo la mesa.
-No puedo estar aquí, sin hacer nada –dijo Migeval en voz baja, para no molestar a Fada.
-Pero, los padres, nos han dicho que nos quedemos aquí. Corremos peligro –dijo Lapislázuli.
-Además, esta la bolsa. Y Fada no puede defenderla –dijo Conjuro.
Y fue, cuando afuera se oyeron gritos, y parecían de desesperación.
-¡Papa, mamá! –gritaron al unísono ambos.
Runa se puso a llorar, de miedo.
Conjuro, trató de consolarla, pero estaba también aterrado.
-¿Qué hacemos?
Se miraron, sin saber como actuar.
11
Dos de los monstruos habían cogido a Agueda y Mirena, en sus garras.
Su reacción fue unánime: Les lanzaron sus antorchas.
La desesperación, a veces, es buena consejera del buen hacer.
Ambas teas dieron en el blanco y los bichos soltaron, a sus esposas.
Pero, pronto se dieron cuenta, de que era una estratagema, para despistarlos. Los otros dos monstruos se habían lanzado contra la casa y el tejado había recibido su primer gran golpe.
-¡Dios mío, los niños! ¡Fada! ¡El bolso!
El grito de las dos parejas fue al Alimón. Al mismo tiempo, el tejado recibía el segundo golpe de los dos monstruos y cedía, en casi su totalidad. Y sin antorchas se sentían impotentes.
Los monstruos entraron en la casa.
-¡A por ellos! –gritaron desesperados los cuatro.
Y se lanzaron, a dar sus vidas, por sus hijos, por Fada y por la Navidad.
12
Los cuatro gritaron, completamente aterrados, cuando vieron que los monstruos entraban con toda facilidad, en la casa y levantaban en alto la mesa, bajo la cual se escondían los niños.
Entonces, vieron a sus padres que cargaban, contra los monstruos alados, echándose sobre ellos, con fuerza. En un esfuerzo desesperado de salvar la vida de sus hijos. Los monstruos se los quitaron de encima con facilidad.
Uno de los monstruos se había dado cuenta, de donde estaba Fada y el bolso. Alargó una garra y se dispuso a coger la bolsa.
Fue entonces, cuando oyeron una voz que decía:
-¡Ya está!
Fada se levantó débil y dijo:
-El conjuro está hecho.
El monstruo, vio a la pequeña hada y cuando iba a aplastarla, salió disparado sin saber como ni por qué, junto con el otro bicho, por el tejado. Afuera, se oía como los otros dos, que de nuevo se habían acercado demasiado, salían asimismo disparados, como impulsados por una fuerza invisible y enorme.
Los padres abrazaron, a sus hijos, llorando de emoción. Sopar y Dinar cogieron la bolsa, y salieron afuera, con cautela. Miraron, por todos lados. Ni rastro de los monstruos alados de Diablus.
-Es el momento, Dinar.
-Tú lo has dicho, amigo Sopar.
Uno cogió la Estrella de Oriente y otro la Luz del Sol y las lanzaron al cielo. Al principio, pensaron que no tendrían fuerza suficiente, pero ambas subieron muy arriba y fueron a realizar su cometido.
La Navidad estaba salvada.
13
Y las Fuerzas del Bien prometieron, guardar mejor la Estrella de Oriente y la Luz del Sol.
sábado, 26 de diciembre de 2009
HISTORIAS DE NAVIDAD: EL FUEGO DE LA NAVIDAD
Hola, a todos.Siguiendo con mis historias de Navidad, aqui os traigo una, en la que trato de reseñar, que el amor da la vida. Y la Navidad es eso: Amor
Espero, que os guste- Se llama:
JUAN PABLO ESTEBAN CONDE
1
Respiró hondo y salio afuera.
2
3
Juna se disponía a pasear por el campo. Tenía, aun 16 años. Su melena castaña, se enredaba en bucles imposibles, con la inmensidad de sus rizos. Sus ojos color violeta, admiraban el paisaje y este, se los admiraba a ella. Su piel vivía en un paisaje de imaginación, que el viento había creado para ella en su corazón. Respiró hondo y se preguntó, por qué la gente se empeñaba en hacer guerras y destrozar esta maravilla de naturaleza que Dios no s había dado.
Entonces, lo vio: era grande y con sus alas extendidas, resultaba aun más grande, si cabía. Aterrizó, con un graznido gutural que hizo retumbar la tierra, sobre la que se hallaba Juna.
Era un dragón.
Juna se asustó y se quedó parada. El dragón, entonces, la miró a los ojos y la habló con una voz estentórea:
-¿Vives en el castillo de Drak?
Juna no sabía que decir. Vio la enorme boca del dragón. Por ahí cabría seguro. No habría salvación para ella. Estaba perdida. Pero, entonces miró a los ojos del dragón, y algo se movió dentro de ella. Ese algo, la instó a responder:
-Sí. ¿Por qué lo preguntas?
El dragón pareció enervarse, pero de algún modo logro calmarse. Y esta vez fue él, el que contestó, a Juna, con otra pregunta indirecta:
-Entonces, serás la hija del señor del castillo.
Juna, recordaría este momento muchas veces, pero nunca supo como pudo reírse de esa manera, en la cara de aquel inmenso dragón:
-No, ni ganas de serlo. Es estúpida, creída y no hay quien la aguante. No me cae muy bien que se diga. ¿La buscas?
El dragón pareció enervarse en un principio, pero luego logró calmarse y mirando a los ojos a Juna le dijo, desafiante:
-Mejor que no la encuentre. Y entonces, ¿tú quien eres?
-Soy la hija de dos de los sirvientes del castillo.
El dragón se elevó en su majestuosidad y dijo:
-Bien, ¿Cómo te llamas?
-Juna –dijo la joven.
-Mmmm, Juna ¿eh? Bien, bien, mi nombre es Rolasbark. Y soy uno de los dragones de la corte de Slagarkh. Y… te necesito…
4
Rolasbark le dijo, con una voz llena de pesar:
-Necesito salvar a mi hijo.
A Juna se le partió el corazón, al oír al Rolasbark hablar así.
-¿Qué le pasa? ¿Está enfermo?
-No. Aun no ha nacido.
-Pero... –dijo Juna-. No lo entiendo. ¿Qué peligro puede correr, si aun no ha nacido?
-El de no poder nacer –sentenció e impresionante dragón.
Juna abrió sus inmensos ojos violeta y le dijo al dragón:
-No me conoces de nada. Y aun te confías a mí. Ojalá pueda ayudarte. Pero, no entiendo nada.
Ven a mi gruta y te contaré allí.
Juna, aunque confiaba en Rolasbark, desconfió en un principio de él. El dragón se dio cuenta.
-No temas. Respondo de ti, con mi vida. Además, necesito de alguien sencillo. Alguien que ame la Navidad.
-Yo la amo, con toda mi alma.
-Lo se, por eso he confiado en ti. Confía tú en mí.
Juna asintió y dijo, subiéndose a la grupa del dragón:
-Sí, me parece justo. Vamos. Llévame allí.
5
Se dirigieron, a una cueva, a los lomos de una montaña. Allí, aterrizaron. Rolasbark se puso casi a ras de suelo, para que Juna pudiese bajar.
-Aquí vivo, con mi esposa, Sullenia –dijo, invitando a Juna a entrar. La muchacha entró y se encontró con otro gran dragón, que debía de ser Sullenia. Se encontraba echada y al ver a su marido y a Juna se irguió. Rolasbark se acercó a ella y la dio lo más parecido a un beso.
-Sullenia, amor mío. Esta es Juna, su padre trabaja en el castillo de Drac. Y cree en la Navidad. Podrá salvar a nuestro hijo, con el Fuego de la Navidad.
Sullenia esbozó, lo que Juna creyó una sonrisa.
-Veo pureza en tu corazón. Las dragonas podemos ver en el corazón de la gente. Nos traerás el Fuego de la Navidad. Lo se.
Juna ser hallaba confundida. El Fuego de la Navidad. ¿Qué era eso?
-Perdonad. Pero, ¿qué es eso de El Fuego de la Navidad? ¿Y cómo puedo salvar yo, a un pequeñín que aun no ha nacido?
Rolasbark tomó la palabra:
-Hace algunos años, como bien sabrás, aquí se celebro una batalla. Fue la mas cruenta, en mucho tiempo. No se tuvo piedad de nada. Algunas especies de animales, pudieron huir. Otros no. Los árboles, ya ves como han quedado. El resto de la vegetación, simplemente se convirtió en cenizas, que el viento arrasó. Nosotros nos hallábamos lejos, es ese momento, visitando a unos familiares en el Bosque de Luramont. Cuando volvimos y vimos el estado del lugar, donde vivimos… se nos cayó el alma a los pies. Supimos, que aquí nada podría crecer, porque aquí, nada podría nacer. Era tierra yerma. Y no habría manera de poder soportar el frío, para nuestro chiquitín. Y nuestro fuego solo devastaría mas y mas la tierra. De todas formas, queríamos tener un hijo. Así que ahora Sullenia esta embarazada. Dentro de un año, el bebé nacerá. Para entonces, necesitamos que esta tierra este bien. Y para eso, necesitamos el Fuego de la Navidad. Este fuego, dará la vida a esta tierra de nuevo. Solo un dragón hará la magia Pero, el propio Fuego es algo a lo que solo los humanos tienen acceso. Un dragón es demasiado grande para entrar en el mundo de los humanos. Por favor. Ayúdanos.
-Pero, ¿qué es el Fuego de la Navidad? –preguntó Juna-. No lo se. No he oído hablar de el nunca.-Sabemos que existe, pero tampoco lo sabemos. –El dragón, acercó su gran morro a Juna y le habló, con un tono suplicante, que a Juna le puso los pelos del corazón como escarpias- Por favor, ayúdanos. Tienes un año. Por favor…
6
7
Llegó al lugar de la cita, con Rolasbark. Aun no había llegado. Apareció unos minutos después. Como aquella vez. Con ese majestuoso vuelo y ese aterrizaje, que provocó un vendaval alucinante.
-Has venido, con el Fuego de la Navidad –dijo el dragón.
Juna miró su candil y le respondió:
-No lo se. ES solo un candil. No lo he encontrado. He preguntado a sabios, a necios, he consultado libros… en vano. Este candil, puede dar fuego. Pero me temo, que no pasa de ser un fuego normal. Creo, que os he fallado. Lo siento. Pero, no quiero perder la esperanza de que vuestro hijo nazca bien. Así que, aquí estoy. Y si por mi culpa no lo logramos… Aquí me tienes… Cóbrate, su muerte con la mía-
Rolasbark la miró y se echó al suelo, diciéndola:
-No creo, que eso sea necesario. Sube.
En pocos segundos se encontraban, en el aire.
8
-¡Rápido, Juna! ¡El Fuego de la Navidad!
Juna miró el candil y sacó las cerillas. No creía que fuera a funcionar, pero era mejor que nada. Encendió el candil y se lo mostró a Rolasbark. Entonces, se acordó de la manta y la sacó de la alforja que había cogido, para llevarlo todo mas cómodamente y la extendió a los pies de Sullenia, para que el dragoncito, al menos no notara el frío del suelo de la cueva
Sullenia grita:
-¡Cariño, ya viene!
Juna, veía, que el dragoncito se encaminaba a una muerte segura. Y no sabía que hacer. Entonces, Sullenia dio a luz. Un pequeño dragoncito, se hallaba, sobre la manta. Apenas respiraba y temblaba. Juna lo arropó, como pudo, para darle calor. Pero, hacia falta el Fuego de la Navidad. Y ella había traído un triste candil.
-Te he fallado, Rolasbark
Las lágrimas asolaban sus lindos ojos. Entonces, el dragón, dijo:
-Creo, que no.
Juna le miró y lo que vio le maravilló: Rolasbark había cogido el candil y estaba absorbiendo el fuego, de él. SE dirigió, a la entrada. Juna le siguió y vio como sacó la cabeza, por la entrada de la cueva y exhaló fuego de su ser. Lo que vio a continuación Juna, se quedó par siempre en sus retinas y en su mente. Toda la tierra comenzó a renacer. Los árboles, crecían de nuevo. Había césped, pequeños asomos de matorrales, que con el tiempo crecerían. Por el río, que se hallaba seco por completo, corría cantarina agua y peces nadaban en ella.
Entonces, Rolasbark volvió a entrar, seguido de Juna. Cuando llegaron, a donde yacían Sullenia y el pequeño dragoncito, vieron, que este respiraba con normalidad, y que parecía estar perfectamente.
-En verdad trajiste el Fuego de la Navidad –dijo Sullenia.
Juna seguía sin comprender. Quizás lo que había parecido una tontería, había tenido sentido al final.
-Pero…
Rolasbark la dijo:
-No, el candil y la manta no eran el Fuego de la Navidad. Ahora entiendo lo que ha pasado: El Fuego de la Navidad lo llevabas siempre dentro de ti. El Fuego de la Navidad es el amor. Tú y tu amor han salvado esta tierra. Solo hacía falta un dragón, para hacer el hechizo. Pero, sin tu buena voluntad, no habría podido hacerlo.
Ahora, todo quedaba claro. Sullenia la miró y su expresión era toda gratitud.
-Gracias, Juna. Como premio, te proporcionaremos un lugar donde vivir. Aquí mismo. Tus padres y tú, viviréis de la tierra, que no os dejara de dar frutos, pues vuelve a sonreír, gracias a vosotros.
Juna se atrevió a decir:
-¿Será cerca de vosotros? Me gustaría jugar con el dragoncito.
Rolasbark rió suavemente y dijo:
-Por supuesto, no te preocupes.
Y así fue, como Juna se instaló con sus padres, en El Llano Arbóreo, cerca de la cueva de la familia de dragones y todos vivieron, para siempre felices.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
HISTORIAS DE NAVIDAD: LA CAMPANA DEBE SONAR
Hola, siguiendo con mis historias, hoy os traigo una que habla de una campana que ha de sonar, para que pueda celebrarse la Navidad. Y Braulio el campanero, ha de llegar a tiempo. Hay un personaje salvador, de excepcion. Quizás, aun se oigan en la distancia los redobles de su pequeño tambor.Espero, que os guste. Se llama:
“Escucha como las campanas
Dulces, plateadas campanas
Todas parecen decir
Pierde cuidado
La Navidad está aquí”
VILLÁNCICO DE LAS CAMPANAS
1
Y en lo alto del monte, una iglesia, con un campanario, que todos los años a las doce de la noche del 24 de diciembre, daba paso al día de Navidad, con su tañido alegre y lleno de emoción, que todo el mundo celebraba, brindando en sus casas. Algunos se lanzaban a las calles y dirigían sus brindis a la iglesia.
Y es que Braulio el campanero, se había ganado a pulso el cariño de la gente. 15 añitos, castaño oscuro, de pelo corto, vivía con los frailes. Su sueño era ser campanero, así que desde que quedo huérfano de pequeño, los frailes le adoptaron. Y allí se quedó, con ellos.
Todos los días tañía la vieja campana y para él, este pequeño acto suponía su vida. Pero el día del veinticuatro de diciembre… El tañido de Navidad, para él lo era todo. Era más que su vida. Jesusito, como él lo llamaba, había nacido. Y eso era algo digno, de ser anunciado, a todo tañir.
Así que hoy pensó en ir a Villamercado, el pueblo de al lado, para comprar abrillantador, con el fin de darle brillo a la campana. Quería tenerla reluciente, para el momento.
Fray Silbido, como el lo llamaba por su silbido, tan potente que se oía en varios pueblos a la redonda, entró en su habitación, cuando Braulio se disponía a salir ya, para Villamercado.
-Buenos días, Braulio
-Hola Fray Silbido, buenos días. ¿Has dormido bien?
Fray Silbido esbozó una sonrisa. Ya se había acostumbrado, así como todos los frailes, a los motes que Braulio, no sin cariño, les había puesto, pero aun le parecía que sonaban curiosos.
-Sí, ¿y tú?
Braulio le miró, mientras cogía algo de dinero de su cajita de Navidad.
-Como un tronco.
-¿Dónde vas?
-Voy, a Villamercado, para comprar abrillantador. La campana ha de quedar imponente y se nos ha acabado. Y hoy es Nochebuena.
Fray Silbido le miró y vió en él al muchacho de siempre. La gente suele cambiar, mientras crece. Pero, él no. Él no cambiaba. La misma ilusión, por el tañido de la campana.
Aunque, la verdad es que detrás de toda esa ilusión, había una razón de peso, para que la campana sonara esta noche, como cada Nochebuena: la alegría, no solo de un joven campanero y sus frailes con motes, sino la de todo un pueblo entero. Y no solo su ilusión, sino su necesidad.
Y es que Villanadal nació en Navidad. Un día apareció allí. Déjame, que te cuente brevemente su historia. Ponte cómoda.
Ah, y no te preocupes de Braulio, por que luego volveremos, con él.
2
Cuando llegaron las doce menos diez de la noche, algo les hizo mirar hacia el campanario. Entonces, Braulio miró al campanario y dijo a los frailes, si podía tocar él la campana. Los frailes le dijeron que sí, pero que le acompañarían y le ayudarían pues era muy pequeño. Braulio asintió y así agarró por primera vez en su vida el cordón de la campana y con ayuda de Fray Silbido, como sería conocido gracias a él, más adelante, hizo sonar por primera vez la campana en la historia de Villanadal. Así fue entonces, como quedó estipulado, que solo y únicamente Braulio podría tocar la campana la noche del 24 de diciembre, a las doce de la noche.
Desde entonces, cada 24 de diciembre a las doce de la noche, Braulio hace sonar la campana en Villanadal. Porque, si no fuera así, Villanadal sentiría una pena enorme y simplemente… desaparecería de dolor…
3
4
-¡Vaya, vaya! –dijo una voz cascada y diminuta-. Nuestro prisionero se ha despertado.
Braulio miró en al dirección de dicha voz y vio a un duendecillo con gorro verde terminado en una punta doblada y arrugada, y un traje propio de un duende igual de arrugado y viejo. Una barba lampiña brotaba de su cara, totalmente deshilachada y sucia. Sus ojillos, se arrugaban en una sonrisa malévola llena de dientes negros como el carbón.
-¿Quién eres? ¿Por qué me has encerrado aquí? –dijo Braulio y mirando su reloj de bolsillo, (regalo del pueblo en unos de sus cumpleaños) vio que eran las ocho de la tarde. Entonces, añadió desesperado-: ¡He de estar en Villanadal antes de las doce! ¡La campana debe sonar!
El duende lo miró divertido y le dijo, socarrón:
-Me parece, amiguito, que no vas a ningún sitio. Eres mi prisionero.
Braulio intentó abrir la puerta, pero no pudo.
-Es inútil, mi prisionero. Tengo la llave y sin ella no podrás abrirla. Ninguna ganzúa podrá. El hechizo de magia que le he puesto a la puerta, no lo tira ni una bomba.
Braulio miró suplicante al malvado duende:
-Por favor, déjame ir. Si la campana no suena a las doce en Villanadal, el pueblo desaparecerá, debido a su pena.
-Los prisioneros de Boruburus, el duende, no escapan jamás de él. Compréndelo muchacho, tengo mi reputación.
Braulio estaba desesperado, el camino hasta Villanadal, tenía por lo menos dos horas de camino, hacia el norte. Y había venido andando. Eso, si las condiciones climáticas lo permitían, claro. Y le parecía que había nubes, camino de Villamercado. Aunque, de pronto se dio cuenta de algo.
-¿Estoy en Villamercado?
Boruburus dijo:
-No. Estás en mi guarida. A una hora de camino.
-¿Al norte?
-No, al sur.
Dios mío, otra hora. Llegaría, a las once. Eso, contando con que tardara menos de una hora en escapar y contando con que la nieve no hubiera caído.
-Además –dijo, en sentencia Boruburus-, ha caído una nevada muy grande. No creo, que quieras intentar ir para allá. Sobre todo si has venido andando.
Braulio acusó el golpe. De todas formas, intentó una última estrategia:
-Los frailes, con los que vivo, ya me habrán empezado a buscar. Me encontrarán.
-Te equivocas, mi pequeño prisionero –dijo Boruburus-. Mi cueva no se ve, debido al hechizo que la protege. Así que, sintiéndolo mucho, no podrás tocar esa campana.
Y diciendo esto, se dio media vuelta y abandono las mazmorras cerrando la puerta tras de sí, con la llave que llevaba.
Braulio se dejo caer al suelo.
Todo estaba perdido. Villanadal moriría de pena y desaparecería, por su culpa. Porque la campana debía sonar y, solo el podía hacerlo. Y él, no estaría allí para hacerlo posible.
Miró por unos barrotes en la pared, que daban y se entristeció, por su libertad perdida y lo que ello supondría, para Villanadal.
Entonces, se puso a llorar de pena.
5
-¿Cómo estás, Braulio?
Braulio vio como el autor de la voz se dejó ver: Era un niño de unos ocho años. Vestía como un pastor y portaba colgado de su cuello un viejo tambor.
-Estoy… estoy bien –dijo Braulio, aun algo dormido. Entonces, miró su reloj y vio que eran las diez y media. Entonces, se dio cuenta, de lo que pasaba y añadió-: ¡Estoy atrapado por Boruburus, el duende! He de estar en Villanadal. La campana debe sonar, a las doce de hoy.
-Lo se, Braulio. Lo se. Tranquilo. Échate atrás.
Braulio obedeció y el pequeño tamborilero comenzó, a hacer sonar su tambor. Entonces, la mazmorra y la cueva, comenzó a desaparecer y en unos segundos, Braulio se encontró fuera, al lado de su pequeño salvador. Pero lo que vio delante de él, le hizo caer el alma a los pies: Varios metros de nieve bloqueaban el camino, hacia Villanadal.
-¿Cómo haremos, para ir hacia Villanadal, en menos de tres horas?
-Tranquilo, Braulio –dijo el pequeño tamborilero-. Déjame hacer a mí.
El pequeño tamborilero comenzó a tocar su tambor y ocurrió algo mágico: la nieve empezó a derretirse.
-Sígueme, Braulio. Te aseguro, que hoy la campana sonará en Villanadal.
El campanero le hizo caso y vio como a su paso, la nieve se deshacía, con el sonido mágico del pequeño tambor y como cada paso que daban, parecían tres y a un buen ritmo.
Quizás, habría milagro.
6
Los frailes, así como el pueblo entero, en efecto se habían puesto a buscarle, pero no le habían encontrado, por lo que al cogerse la nieve, tuvieron que buscar refugio, apesadumbrados, en la iglesia y en sus casas.
Y cuando vieron que llegaba Braulio, acompañado por un pequeño pastorcillo que tocaba un tambor, se volvieron locos de contentos y salieron a recibirle. Todos llevaron, a sus dos salvadores en hombros a la iglesia, como a sus héroes. A Braulio, porque gracias a él la campana sonaría hoy de nuevo en Villanadal, y al pequeño tamborilero, porque gracias a él, Braulio, podría hacerla sonar.
Braulio y el pequeño tamborilero subieron corriendo al campanario. Eran las doce menos cinco minutos. Extrañamente, tras un viaje a pie tan largo, ninguno de los dos estaba cansado.
Llegaron al campanario a las doce menos un minuto. Braulio agarró el cordel de la campana y mirando a Villanadal, que se había reunido como cada noche del 24 de diciembre junto a los frailes, a los pies de la iglesia, tiró de él e hizo sonar la campana cuando dieron las doce.
Villanadal entero vitoreó la llegada de la Navidad.
Cuando Braulio dio los doce toques que daban paso al 25 de diciembre, día de Navidad, miró a su salvador y dijo a los habitantes de Villanadal:
-Hoy, he podido hacer esto, gracias a mi amigo el pequeño tamborilero. Hoy, este toque, con vuestro permiso, va dedicado a mi salvador.
Villanadal entero aprobó este gesto, así como los frailes.
-Una última cosa –dijo Braulio, en voz baja-. ¿Qué pasó con Boruburus?
El pequeño tamborilero sonrió y dijo:
-Es un duende malvado. Ha desaparecido. Pero volverá a hacer de las suyas. De todas formas, ahora ya sabes, quién es. Ya no te podrá engañar.
Braulio sonrió:
-Gracias.
El pequeño tamborilero dijo:
-Bah, no es nada. Es Navidad.
Braulio ofreció su mano y él se la aceptó. Y los dos se fundieron e un abrazo, que Villanadal pudo ver y que también vitoreó.
martes, 22 de diciembre de 2009
HISTORIAS DE NAVIDAD: LA MAGIA DE LA NOCHE

Hola, a todos.
Os traigo otra historia de las mías, que hice hace tiempo.
En ella, quiero reseñar, que si hay algo que pueda parar un enfrentamiento bélico, esa es la Navidad. Ojala un día, el mundo se de cuenta, de que la guerra no es solución, sino el dialogo y la paz.
Espero que os guste. Se llama:
ES LA MAGIA DE LA NOCHE”
(ENYA “THE MAGIC OF THE NIGHT”)
1
Eso, me debería de importar.
Y de hecho me importa, pero…
Asomado a la ventada, un niño, de mi edad, solo piensa en una cosa…
¿Dónde están mis padres?
2
Y ahora, allí, es aquí.
He vuelto. Estoy en casa.
Entré, por una ventana, por la ventana. Por la misma ventana que usaba, para escaparme a jugar, cuando tenía que estudiar. Se abrirla desde fuera y desde dentro. Y…
Bueno, esperaba encontrar la casa, más o menos como me la encontré, después de aquel bombardeo, que la dejo casi para el arrastre y que seguramente tendremos que arreglar, si es que esta guerra, nos deja.
Pero, es que mis padres no estaban allí.
No había ni rastro de ellos.
Busque en toda la casa, meticulosamente, por si se habían escondido en algún armario.
Nada.
Como última opción, me fui al sótano.
3
Me acerqué a él.
Rortz era un viejecito muy simpático. Con una barba muy blanca y algo regordete. Yo me reía de él, diciéndole que se parecía a Papá Noel. Es amigo de mis padres, desde hace mucho.
Cuando me acerqué me di cuenta de que estaba herido- una bala se había alojado en su hombro y perdía sangre muy deprisa.
Cuando me vio me dijo, muy débilmente:
-Josh, ¿qué haces aquí? ¿Cre…creía, que estabas en casa de tu tía Folia.
Ese nombre, me trajo malos recuerdos. Esa mujer horrible, que me había condenado a estar sin cenar en Nochebuena, por que según ella había sido el culpable de la última travesura de sus hijos: soltar a sus pájaros. Claro, quién iba a creerme a mí, estando ellos para ser creídos primero. Por eso, me escapé, de allí. Menos mal, que me pude subir al carro de un granjero, que me creyó, pues conocía a mi tía y n ole caía muy bien. Me dejó en m mi misma ciudad.
-No hables, Rortz. Estás herido- dije. Entonces, me quite las mangas de la camisa e hice un torniquete en el brazo y otro encima del hombro, para parar la hemorragia.- ¿Dónde están mis padres? ¿Qué ha pasado? – le pregunté mientras le ponía mi chaqueta a modo de almohada, para que descansara la cabeza.
Rortz, hizo un esfuerzo por hablar, pues aunque parecía que no era grave, si lo era su perdida de sangre.
-Los soldados vinieron y se los llevaron. Intenté evitarlo y me pegaron un tiro en el hombro. Aquí he estado desde entonces. Tirado, sin que nadie me ayudara.
Me creía morir. Mis padres prisioneros de los soldados. Probablemente estarían ya muertos. Acaricie al viejo y bueno Rortz. Casi pierde la vida, por ellos.
-Descasa, viejo amigo –le dije. Y me di la vuelta, para mirar por la ventana.
Mi mundo envuelto en llamas. En las llamas de la ira, en una terrible hoguera de prepotencia militar, que estaba ahogándonos, a todos poco a poco.
Hoy es 24 diciembre y quisiera saber, dónde se ha ido mi felicidad. Dónde se la han llevado los soldados. Qué han hecho, con ella..
¿Dónde están mis padres?
Entonces, intenté apelar a mi última oportunidad.
No sé, si la gente cree en eso, pero yo si. Siempre lo he hecho.
Y hoy voy a demostrar, por qué
Es hora de escribir dos cartas.
4
Dios mío.
¿Dónde están mis padres?
5
Por debajo de la puerta, alguien ha pasado una nota.
Me acerco, con precaución. En estos tiempos, no hay que fiarse mucho.
Cojo la nota del suelo y la leo:
SAL
No me puedo ir, y dejar aquí al pobre Rortz.
No me iré con esa mujer tan odiosa.
Pero, algo me hizo abrir la puerta.
Y la abrí.
Y…
El mundo volvió a ser de colores.
6
Creo, que ni todo el frío del mundo hubiera conseguido congelar mis lagrimas, por que el amor y la alegría que emanaban, era de una calidez, capaz de derretir cualquier tipo de hielo, frío y heladez.
-¡¡Mamá, papá!!
Creo, que en mi vida me había abrazado tanto a alguien, como lo hice con ellos. Caímos en la nieve. Abrazándonos, con amor.
7
Respecto a lo que pasó, bueno, mis padres solo recuerdan que de pronto, un trineo aterrizó y tres camellos lo acompañaban. Montados en ellos, se hallaban Papá Noel y los tres Reyes Magos. Los soldados se quedaron helados de asombro, incapaces de respirar y todos sus prisioneros, pudieron ser liberados.
Trajeron a casa a todos, como repartiendo los mejores regalos del mundo, a los que sufrían por sus seres queridos.
Yo solo sé, que aun es Nochebuena y que en una hora será Navidad.
Y que ahora, es cuando puedo entender y disfrutar, algo que no podría de otra forma:
La Magia de la Noche.
[1] BUSCADORA
lunes, 21 de diciembre de 2009
HISTORIAS DE NAVIDAD: LA CHIMENEA MAGICA
LA CHIMENEA MAGICA
ESTOY SEGURO DE QUE
TODOS Y ABSOLUTAMENTE CADA UNO
DE VOSOTROS HA QUERIDO SIEMPRE
DE PEQUENOS VER A LOS REYES MAGOS Y...
A PAPA NOEL
YO TAMBIEN
JUAN PABLO ESTEBAN CONDE
1
Había apagado las brasas por la sencilla razón de que Papá Noel bajaría por la chimenea y, claro, si veía fuego quizás pasase de largo y no bajara. Eso no estaría bien. Pues tendría que esperar hasta el ano que viene para poder volver a verlo. Y él tenia algo importante que pedirle. Y no era para él.
2
Un ruido despertó a Rom. Venía, o al menos eso parecía, de la mismísima chimenea. De pronto, cayó algo de hollín, sobe los troncos, aun con algo de brasas. Algo, o alguien, trataba de bajar por ella. Rom se atrevió a mirar por ella. No podía ver nada, así que iluminó con su candil el hueco de la misma. Al momento, el ruido cesó. Parecía, como si hubieran dejado de bajar. Rom se quedó escuchando durante unos momentos, esperando a que ese ruido siguiera. Pues, creía saber a quien pertenecía su autoría.
Pasó un rato y después otro. Rom, por mas que se empenaba, no podía ver quien era, a pesar de tener iluminado el hueco de la chimenea. Se echó para atrás y se sentó. AL momento, el ruido comenzó a oírse de nuevo. Al momento, Rom se dio cuenta de cual podía ser la respuesta al enigma. Acercó de nuevo el candil al hueco de la chimenea y al momento el ruido dejo de producirse y el hollín de caer.
Apartó el candil y el ruido comenzó de nuevo.
Rom sonrió. En efecto, sabía de sobra quien bajaba por la chimenea.
3
4
5
-Hola. ¿Eres Papa Noel, no?
El aludido se dio como tal y dirigió su mirada a su interlocutor. Ante sí, vio al nino de cinco anos que conocía. De revolucionado pelo castano, ojos marrones y curiosos y ese pijama color blanco grisáceo algo usado por el tiempo.
-Sí. Lo soy. Y si no me equivoco, y creo que no, tú eres Rom, ¿no?
Rom sonrió.
-Sí lo soy. ¿Conoces mi nombre?
-Sí, por supuesto que lo conozco. Yo conozco el nombre de todos y cada un de los ninos del mundo. Lo que es justo, ¿no te parece? Ya que todos y cada uno de ellos conocen el mío.
Rom se quedó pensativo un momento y al final dijo muy serio:
-Tienes razón, muy justo.
Papá Noel rió la sinceridad de Rom, a la hora de haberle dado la razón. Al momento dijo:
-Creo, de todos modos, que son horas de estar en cama ¿no? Los ninos buenos se van a dormir pronto, para que Papá Noel les deje regalos.
Entonces, Rom le preguntó de nuevo muy serio:
-¿Conoces a algún nino que no halla intentado al menos quedarse despierto parar conoce a Papá Noel?
Esta vez, Papá Noel rió agusto, la ocurrencia del muchacho.
-Tienes razón, Rom. Mucha razón. Bueno, pues ya me has visto –dijo Papá Noel, y giró sobre si mismo-. ¿Y bien? ¿Qué te parezco?
Rom clavó sus ojos en la figura enorme y roja de Papá Noel.
-La verdad es que me parece genial. Pues me hacía ilusión conocer a Papá Noel, hacía muchísimo tiempo. Pero, hay otra razón, por la que es genial conocerte.
Papá Noel notó cierta seriedad, mas de la habitual en Rom. Entonces, se dio cuenta de que lo que pretendía contarle el muchacho era importante.
-Tú dirás, Rom.
-¿Nos sentamos? –dijo Rom, senalando el sillón.
Papá Noel aceptó el ofrecimiento.
6
Papá Noel se quedó sorprendido por la petición de Rom. Pero al momento, dijo:
-Veo, de un rojo cristalino tu corazón, joven Rom. Ve a dormir. Que yo me encargo del resto.
-Gracias –dijo el nino y le plantó un fuerte beso en la barba, para después encaminarse a la cama, envuelto como siempre en la manta.
7
Su padre era un hombre delgado, pero de constitución fuerte y recio pelo moreno. Su madre, una mujer de pelo rubio y largo, con la piel del color de un campo de espigas al atardecer.
Rom vio que Papá Noel le había concedido su peticion. Era feliz.
-No me miréis así, papa, mamá. ¿Acaso no merecen los mejores padres del mundo un regalo en Navidad? ¡Feliz Navidad! Os quiero.
Y les abrazó y besó fuertemente.
Sus padres no pudieron mas y abrazaron a su hijo, llorando emocionados.
-¡Feliz Navidad, hijo! –dijeron los dos a coro, con la voz entrecortada por la emoción.
8
sábado, 19 de diciembre de 2009
HISTORIAS DE NAVIDAD: UNA VELA PARA JESUS

Hola, a todos.
Hoy os pongo una historia, que hice hace tiempo, inspirándome en uno de los villancicos mas bellos, que existen: "El Tamborilero".
Nuestra heroína, Nadal (Navidad, en valenciano), pretende llevar una vela a Jesús.
Con esto intento reseñar, que el mejor regalo es el cariño, con que se hace dicho regalo. El amor, por el que se hace ese regalo y no el regalo en sí. Es Navidad y el amor, la paz, el cariño, la familia y los amigos son lo que mas cuenta.
Espero que os guste. Se llama:
ALGÚN PRESENTE QUE TE AGRADE, SEÑOR,
MAS TU YA SABES QUE SOY POBRE TAMBIÉN
Y NO POSEO MAS QUE UN VIEJO TAMBOR
ROPOPOMPOM, ROPOPOMPOM
CUANDO DIOS ME VIO TOCAR JUNTO A EL
ME SONRIÓ
EL TAMBORILERO
Salió a la noche fría y el viento le recordó, que el invierno ya estaba allí.
Se hallaba en un pueblecito, cercano a Belén.
Parecía que la noticia era ya un hecho. O al menos eso decía la gente. Había nacido el Salvador. El llamado Rey de Reyes. El Rey de la Paz y el Amor.
Y sus padres María y José, le habían puesto de nombre Jesús.
El invierno fue el que le hizo pensar, la idea que se le había ocurrido: Ya que todos le iban a llevar un regalo y ella no tenía apenas nada, ya que era pobre, decidió que le iba a llevar una vela, para que tuviese calor. Llevaba una cerilla, la única que le quedaba, para encenderla. Tampoco tenía leña. Por lo que tan solo tenía esa vela y esa cerilla, para llevar a cabo su cometido: que Jesús no pasara frío esa noche, aunque fuera solo al amor de la llama, de esa la pequeña vela.
Dicen que el que da lo que tiene no miente. Y ella iba a llevar lo que tenía. No le quedaba comida. El agua la sacaba de un pozo, al lado de su casa. Pero, con las heladas que caían últimamente, era difícil, que no estuviera congelada. Así que, con esa vela, esa cerilla y esa esperanza puesta en recorrer el largo y difícil camino, debido a la fría noche, hasta el portal, donde decían que había nacido Jesús, Nadal se puso en camino.
Su pelo se hallaba cubierto, por un gorro de lana, viejo y usado, pero que sin él su cara y sus orejas se hubieran congelado. Su asimismo, raída bufanda, un par de guantes de lana, una falda larga, unas polainas, unos calcetines, también de lana y un par de botas viejas, completaba la ropa de abrigo, de la joven.
-Allá voy, Jesús –dijo, para sí misma Nadal-. Allá voy.
En el camino, se preguntaba cómo se abrigaría Jesús. De seguro que su madre, María le tenía un fuego allí. Probablemente, su vela no hiciera falta. Pero, ella quería verle y a través de su regalo, que el niño viera que le quería. Además seguro que también, ya le habrían puesto algo de ropa, para que el niño no pasase frío.
En estos momentos, se hallaba en estos pensamientos, cuando comenzó a nevar.
Nadal pensaba en Jesús. Si en Belén nevaba así de fuerte, quizás ese fuego que en un principio se había imaginado, no pudiera estar ardiendo por culpa del temporal.
-Tengo que llegar –se dijo, mientras intentaba seguir andando, a pesar del fuerte y frío viento al que tenía que enfrentarse-. Tengo que llegar.
Pero el viento redobló su fuerza y la hizo caer. Se levantó como pudo y, metiendo su cabeza aun mas en al bufanda, intentó oponerse a la fuerza de ese viento. Pero apenas podía caminar. Era como si hubiera una fuerza que la impidiera avanzar. Como si estuviera intentando derribar una pared intentando empujarla. Asimismo, la nieve apenas la dejaba ver lo que había delante de ella. Nadal cayó de nuevo e intentó levantarse como pudo, para seguir adelante con su camino. Pero cuando lo había logrado y se disponía a dar el primer paso, el viento la derribó de nuevo. Nadal se vio sin fuerzas. El viento soplaba con fuerza inusitada a su alrededor. La nieve se había cogido con más fuerza aun si cabía. Poco a poco el frío la fue debilitando mas y mas. Nadal vio como su caja de cerillas se hallaba en la nieve. La nieve la tapaba, poco a poco. Nadal la cogió en sus manos y comprobó que se había mojado. La cerilla también se había mojado. Buscó como pudo la vela en el bolsillo de su falda y no la encontró. Quizás se había caído en la nieve. Miró a su alrededor y bajo ella, pero no la vio. Quizás la nieve ya la había tapado. A saber dónde estaría ahora.
-Perdóname Jesús –se dijo, llorando-. Te he fallado. Perdóname, por favor.
Poco a poco, Nadal se fue quedando dormida. La nieve a su alrededor la iba cubriendo, mientras el viento rugía helado...
-Hola Nadal, parece que te has despertado ya.
Nadal había oído aquella voz, llena de calidez y bondad y, algo asustada, miró a su alrededor, para descubrir de donde podría venir.
-No te asustes. Soy yo. La Estrella de Oriente.
Entonces, se dio cuenta de donde estaba. Su cuerpo se hallaba sobre una superficie blanco amarillenta. Suave y cálida al tacto. Y con un brillo increíble, pero nada molesto a los ojos.
-Te vi abajo en la nieve. Estabas semi cubierta por la nieve y casi, casi congelada por el frío. Te recogí, te subí a mis espaldas y hasta ahora, has estado inconsciente. Sinceramente hubo un momento, en que creí que el calor de mi cuerpo ya no te podría reanimar.
Nadal se atrevió a hablar, pues la Estrella de Oriente le inspiraba confianza.
-Me has salvado de una muerte segura, Estrella de Oriente. Gracias.
-No hay de qué. Ha nacido Jesús. Y hay que celebrarlo.
Nadal puso cara de pena.
-¿Qué te aflige pequeña?
-Llevaba una vela para Jesús, para que no pasara frío. Solo tenía una cerilla, para encenderla, pero confiaba en conseguir una llamita para él, para que no pasara frío. Sobre todo, después de cómo se había puesto el tiempo. Soy pobre y no tenía nada que llevarle que mereciera la pena. Pero, cuando caí por segunda vez, la caja de cerillas se me mojó con al cerilla dentro y no encuentro la vela. Ahora, no tengo nada que llevarle a Jesús. Y me hacía tanta ilusión verle y llevarle algo, para que vea lo que le quiero...
Y entonces Nadal, se echó a llorar desconsoladamente.
-Nadal, no te preocupes. Yo te llevaré hasta Jesús. Y verás como no te hacen falta ni esa vela ni esa cerilla, para regalarle ese calor que quieres darle.
Nadal dejó de llorar y levantó su linda carita, con los ojos arrasados aun en lágrimas, que rodaban por sus mejilla.
-¿A qué t refieres?
-Espera y verás. Ah, ya estamos llegando. Agárrate. Vamos a descender.
Nadal se agarró al cálido cuerpo de la Estrella de Oriente y esta empezó el descenso. Bajo ella se veía un portal, de lo más humilde.
En Efecto, tres personas, acababan de llegar, en tres camellos y le ofrecían a Jesús tres cofres, con oro, incienso y mirra.
Nadal vio preocupada esos regalos y preocupada, dijo a la Estrella de Oriente, que se hallaba ya, sobre el pesebre:
-Yo no tengo nada y ellos le están regalando oro, incienso y mirra.
La Estrella le dijo:
-Tú acude y abre tu corazón a Jesús, a María y a José.
Nadal se acercó y cuando llegó ante Jesús, se arrodilló y le dijo:
-Hola Jesús, me llamo Nadal. Vengo de lejos y traía una vela y una cerilla para encenderla, con el fin de regalártela para que no pasases calor. Soy pobre y no tengo nada que merezca la pena regalarte. Pero una terrible ventisca me alcanzó en el camino y me hizo caer al suelo. Perdí la vela y la caja de la cerilla se me mojó con la cerilla dentro. De no ser por la Estrella de Oriente, ahora estaría congelada. Y ahora no tengo nada que regalarte. Siento que te he fallado. ¿Podrás perdonarme?
María viendo como la chiquilla había abierto su corazón se acercó a ella y levantó con dulzura su rostro anegado en lágrimas.
-Nadal –le habló con voz dulce-. Creo, que se como podrías completar con éxito tu misión.
Nadal la miró, sin comprender.
-Coge en brazos, a mi hijo y lo sabrás.
Y María tomó a Jesús en brazos y se lo ofreció a Nadal. La joven, lo tomó en sus brazos. Jesús se abrazó a ella, con dulzura y firmeza. Nadal al notar ese abrazo, con el que Jesús le correspondía. Le estrechó con toda la ternura de que fue capaz. Entonces, lo entendió todo: No necesitaba la vela, ni la cerilla para dar calor a Jesús. Le bastaba con su cariño. Entonces, lloró de nuevo. Pero esta vez de alegría. Y miró a María y a José, que satisfechos le sonreían. Luego, miró a la Estrella de Oriente que le había salvado la vida y que le envió un fulgor aun mayor, a modo de aprobación. Y Jesús apoyó su linda cabecita en el hombro de Nadal y, con un dedito en la boca, plácidamente se durmió. Pues, no olvidemos que era su primera noche de vida y estaba cansado, de tanto ajetreo. No obstante, acababa de nacer.
martes, 15 de diciembre de 2009
HISTORIAS DE NAVIDAD: LA MUÑECA DE TRAPO
LA MUÑECA DE TRAPO
SI ALGUIEN LE HA PREGUNTADO
A UNA MUNECA O A UN PELUCHE
LO QUE SIENTE
CUANDO SE LE ABRAZA
JUAN PABLO ESTEBAN CONDE
1
Quizás, a mí también me tiren al camión. Tengo entendido, que te aplastan y te trituran. Al menos, espero que sea rápido. Al menos dejaré de padecer este frío. Al menos, esta pena dejará de traspasarme el corazón.
Yo una vez fui querida. Aun recuerdo, cuando llegué a la casa de Dona. Ella, me abrazó y me sentí feliz. Y luego, me ensebo la casa y, sobre todo puso especial énfasis en su habitación. Me sentó en una silla, mientras sacaba a todas sus muñecas y a todos sus peluches. Me los presentó y jugamos todos juntos, llenos de alegría. Incluso, me ensebó su diario. En él, escribía cosas, que eran secretas. Me pidió, que por favor no las contara a nadie. Me dije, que quien iba a creer a una muñeca que hablara.
Pero, este año, alguien le ha regalado una muñeca que sabe hacer de todo. La verdad es que yo solo sé querer. Dar amor, cariño y querer muchísimo. No sé, si es gran cosa, pero en fin. Soy yo. Y, supongo que el que ofrece lo que tiene no miente. Y yo ofrezco lo que tengo. No tengo más, esa es la verdad. Pero, pienso que el amor que puedo dar no es malo. No merece que lo tiren, de esa manera a la basura. No sé. Me siento confusa. Y triste. Muy triste.
Hace frío. Estoy helada. Como mi corazón, que aquí en la basura, yace triste. El suelo donde yazco es árido duro y frío.
Dona. ¿En qué te hice mal? ¿Es que no te quise lo suficiente? Por favor. Vuelve a mí. Este frío, este dolor y esta pena me están matando. Yo solo necesito amor, cariño y un lugar en el que me quieran. No sé, si pido mucho. Pero, por favor. Si en algún recoveco de tu corazón, aún te queda piedad, por este viejo trozo de trapo... con lágrimas de peluche... te suplico...
...Vuelve...
-Hola Trapita, ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Dona?
Miro y veo a Papá Noel. Las lágrimas casi se me han helado, junto con mi cuerpo, pues me he dormido y la noche cada vez es más fría.
-Me ha tirado, por otra muñeca mejor, que sabe hacer de todo.
Papá Noel me mira y, con un gesto de desaprobación, saca una manta y la extiende en el suelo. Me recoge y me pone en ella. A continuación, me arropa con ella, mientras le digo:
-Papá Noel, ¿Qué puedo hacer? Por Favor, llévame a tu casa. Al menos, me podré calentar. Ya que nadie puede aliviar mi pesar. Y aunque ese calor no logre calentar mi corazón, al menos estaré a salvo de las inclemencias de esta noche helada y triste.
Papa Noel me mira y me dice:
-Te voy a poner, aquí en mi saco, junto con todos los regalos. Para que ahí dentro, con la mantita te sientas agusto y calentita. No vamos a mi casa. Pero, confía en mi.
-Se llama Caridad. Y es una niña pobre. Sus padres apenas pueden comprarle nada, que no sea viejo y usado. Pero, ella recibe esos regalos, con una alegría inusitada. Yo sé, que ella te querrá. Mira, por ahí llega.
Veo llegar a una niña pecosa y con un vestido algo raído y apolillado. Me ve y...
¿Qué es lo que ven mis ojos? Su sonrisa va de oreja a oreja. Es feliz de verme. Viene hacia mí. Me quiere. Ven aquí, mi niña. Ven aquí. Que esta muñeca, te va a querer más que a nada en este mundo. Ya veras.
En cuanto me abraza, todo el frío se me va. Se me está alegrando el corazón. Me quiere. No sé hacer nada. Solo sé dar amor, cariño y querer muchísimo. Y a Caridad no le importa. No le importa, para nada. Le da un beso, a Papá Noel y me acerca a la mejilla de él, para que le dé otro beso. Que le doy de buena gana, pues me ha salvado la vida.
Me acuesta en su cama. Me arropa y me abraza. No puedo mas de alegría y dicha y rompo a llorar de emoción, como hacen los muñecos. Con todo el corazón lleno de emoción y alegría.
Por fin es Nadal
Por fin es Nadal, otra vez.




