Hola, a tod@s.
Un día estás con tu familia como siempre. Y todo va bien.
De repente, a los que dicen que mandan se les cruzan los cables y comienzan a retarse a ver quién la tiene más larga. Y si te encuentras en medio, ya sabes que vas a salir perdiendo.
Supongo que para eso se inventaron los daños colaterales, ¿no...?
La guerra llega y destruye tu ciudad, tu familia, tu mundo...
Quizá no tengas edad para entenderlo, porque en ese momento tu obligación es aprender en el colegio, jugar y crecer con tu familia...
Por eso, cuando esa puta guerra te obliga a despedirte de ella...
Dan ganas de cagarse en dios aunque no exista...
Dan ganas de desear una muerte muy dolorosa y lenta a todos esos que se creen con el derecho de ejercer su prepotencia, alimentar su ego y demostrar que son más fuertes que nadie, llevándose por delante todo lo que, según ellos, les estorba en el camino...
Tantos niños y niñas como la de la foto han de comenzar a madurar antes de tiempo, mientras sueñan con encontrarse de nuevo, con quienes ellos creían que iban a estar siempre: su familia...
Y entonces es cuando nace la incomprensión de la inocencia...

No hay comentarios:
Publicar un comentario